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Cómo funciona

Tres piezas, en este orden.

Firmar es el principio. Lo que sigue —quién entrega qué, cuándo y con qué comprobante— es donde de verdad se gana o se pierde dinero, y es justo lo que aquí queda escrito dentro del contrato.

01

Una base estandarizada

El desorden no empieza en el seguimiento: empieza en que cada contrato se redacta como si fuera el primero. Antes de instrumentar hay que tipificar.

Tipos, no casos
Un contrato de obra y uno de servicios no se siguen igual. Cada tipo trae los compromisos que siempre lleva, así que nadie parte de una hoja en blanco ni se le olvida la mitad.
Un expediente que sigue vivo
El contrato firmado no es el final del trámite. Anexos, addenda, actas y comprobantes cuelgan del mismo expediente y se pueden leer juntos.
02

El contrato reactivo

Aquí está el corazón. Dentro del articulado hay celdas que saben si lo pactado ya ocurrió, y el documento cambia de estado con ellas.

El punto de control
Un compromiso con dueño, plazo y evidencia. Se marca como cumplido, dispensado u objetado — y dispensar u objetar exige motivo, porque una excepción sin razón escrita es una excepción que nadie puede auditar después.
El grafo de plazos
Los plazos cuelgan unos de otros. Cerrar un compromiso tarde recorre todo lo que dependía de él, sin que nadie recalcule fechas a mano.
Cláusulas que se leen solas
Una cláusula condicionada se pinta según el estado real de sus puntos de control. El lector ve en qué situación está parado sin cruzar el documento con una hoja de cálculo.
Quién puede marcar
La contraparte aporta y confirma por una liga, sin cuenta ni contraseña. Editar es cosa de los internos: la aportación externa queda pendiente hasta que alguien de casa la cierra.
03

La cartera completa

Un contrato instrumentado sirve a quien lo firma. Cien contratos instrumentados sirven a quien responde por todos.

Qué está en riesgo, no cuántos hay
Los indicadores salen de los mismos puntos de control que ya se marcaron, así que el tablero muestra el estado real al momento. Nadie captura un reporte aparte.
El mismo motor a pantalla y a PDF
El acta de revisión no se exporta ni se reconstruye: es un corte sellado del mismo documento. Lo que ves en pantalla y lo que firmas son la misma cosa.

El contrato le dice a cada quien dónde pararse.

Quien lo abre ve de inmediato qué ya se cumplió, qué está por vencer y de qué depende cada fecha. Las decisiones las siguen tomando personas — sólo que ahora con el estado real enfrente, en vez de reconstruirlo de memoria y correos.

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